miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL LLANTO DE UN MEXICANO

Por Luis Donaldo Colosio Riojas

Me preocupa. Me preocupa que veo a un país olvidado por sus líderes,
quienes se concentran en sacar adelante sus carreras y a sus partidos
antes que a su gente.

Me preocupa ver un abismo de desigualdad y diferencia, permeado todo por
la infame indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de honrar la
confianza de su gente.

Me preocupa ver que en el Congreso imperan el caos y la desunión, que los
‘triunfos’ de mis diputados sean ver quién difama más al otro o quién
silencia con más fuerza. Que exista un aura de trabajos inconclusos y que
los pocos que se dedican al trabajo son sopesados por quienes se dedican
al ultraje. Me preocupa ver más respeto en las tribunas de un clásico de
futbol mexicano que en los escaños y curules legislativos. (¿que se puede
esperar de la raza?)

Funcionarios públicos ausentes o sumisos (NISI) (Ni trabajan,pero SI
cobran) y fuerzas policiales abandonadas o corrompidas es el maltrato que
nos dejan nuestros gobernantes. Benditas aspiraciones de nuestros jóvenes
con tanta materia prima corroída. No es sorpresa que ‘ni estudien, ni
trabajen’ si el sistema educativo es cada vez menos adecuado y continúa
decayendo gracias a quienes se supone deberían levantarlo. El empleo y las
oportunidades son virtualmente inexistentes y nuestra economía es tratada
con la lujuria de unos cuantos.

Me preocupa mi tierra, sangrando a borbollones, con sangre nacional y
extranjera, de quienes depositaron su confianza en unos cuantos. Me
preocupa que ‘esos cuantos’ tampoco sean eficaces porque ‘algunos muchos’
se empeñan en que fallen con tal de alzarse el cuello y alardear un ‘se
los dije’.

La desigualdad de ideas nunca ha sido crimen, pero el callarlas y
asesinarlas es nuestro nuevo movimiento nacional.

Miles de millones de pesos, de nuestro dinero, de nuestros impuestos, se
reparten a ‘unos cuantos’ para hacer bien ‘muchos nadas’, mientras tanto
nuestros niños tienen hambre, tienen sed y tienen miedo. Miedo, no de una
inseguridad que crece sin medida, sino de lo que seguramente terminarán
siendo: seres olvidados y marginados por su patria y a quienes luego se
les reclame de ‘holgazanes’. Se les castigará por ineficientes y por no
saber aprovechar las infinitas oportunidades inexistentes que tuvieron.
Nuestros niños, ¿pero qué demonios les hicimos?

Me preocupan todos y cada uno de los miembros de mi familia, más de 112
millones de ellos, que miran al futuro sin un rumbo certero, ese rumbo que
nuestros predecesores se negaron rotundamente a asegurar y que ahora miran
con desconcierto alegando que ‘no es su culpa’. Y la pelea continúa; y las
divisiones incrementan; y las diferencias se exaltan; y nuestros niños,
mientras tanto, sufren.

¿Pero qué te pasa, México? ¿En qué momento se volvió rutina suicidarte?

Me preocupa mi gente, que prefiere esconderse frente a una pantalla de
televisión que detrás de un libro, o mejor aún, de un oficio. Me preocupa
que la política de desarrollo colectivo nacional en estos momentos
pareciera que se llama 'resignación', pareciera que se llama 'derrota'.
(dificil pelear contra las diversas mafias que se apoderan de los puestos
publicos para saquear el pais)

Me niego rotunda y enfáticamente a quedarme dormido, a darme por vencido.
Así me tachen de por vida de demente o inadaptado. Qué ilusos somos todos
al pensar que México necesita héroes, si lo único que le hace falta es la
atención de sus ciudadanos, o mejor quizá, unos cuantos más de estos.

Este es el movimiento de la tercera insurrección mexicana, cuyo campo de
batalla se libra en nuestros propios corazones, donde las únicas armas que
encontremos y utilicemos deberán ser la paz, el trabajo y la Patria:
suficientes muertes ha soportado lo sagrado de este suelo, y la tierra que
se tiñe de rojo con la sangre de mi sangre es testigo de mi entrega. La
batalla se gana en el corazón de nuestra gente, al denunciar nuestras
propias faltas al país... y a nuestra estampa.

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